El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 1 97- jate de reflecciones; estoy resuelta á mirar las co– sas por su lado positivo y nada más. ¿ Lo sabes? ..... Después de muchas vacilaciones y repetidos viajes para ,, pasear casas 1> de ir y venir aparentando ha - cerlo todo muy sigilosamente ; pero en realidad de todo 10 que se practica bajo la luz del sol; al fin al– quilamos 1< unos altos>> bastante espaciosos para no– sotros ; pero que ella acostumbrada á los anchurosos -alones y grandes corredores de la casa de sus pa– dres, continuó llamándola« casita.» No me explico si este diminutivo, lo aplicaba en razón de la exten– sión de la casa, ó en razón del carifio que la inspira– ba esta, que ella llamaba, nuestro nido de amor. Nos dimos cita, donde un 1niteble1 1 0 de la calle d e Plumereros, para escojer juntos, el menaje de nues– tra futura morada. Ofelia hubiese querido comprar cuanto veía, pero fué necesario sujetar sus ímpetus derrochadores di– ciéndola: - Primero compremos esto y después veremos lo que nos falta. El tapicero que sin duda me conocía, miróme con cierta extrañeza, que no dejó de perturbarme. No obstante mis reparos para no hacer gastos ex– cesivos, escojimos lo mejer y más .elegante de la ta– picería, que por entonces era la más lujosa de Lima. . ~ Después de muchas citas, ora donde el ebanista, ó donde el tapicero, ó bien en algún almacen de tri– pes y cortinajes ; después de andarnos encontrando

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx