El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 196 - publicidad que ella y yo habíamos dado á nuestros amores. Y queriendo enmendar la falta, le manifestaba á Ofelia el deber que ambos teníamos de guardar mi– ramientos y respetos; yo por mi condición de jefe de nn partido pólítico, y ella como mujer casada, cuya alta posición social la imponía deberes y respetos ineludibles. La primera vez que expuse, estos mis timoratos consejos, Ofelia tomando la expresión satírica de la mujer de mundo exclamó. - ¡Bah! No me hables de moralidad aquí en esta ociedad ; eso estaba bueno para cuando yo era una inocentona, que nada comprendía; la prueba es que nunca tuve tantos amigos y aduladores como ahora: y lo que es con respecto á tí, eres acaso el único hom– bre público que vive escandalosamente con una mu– jer casada, y recibe cartas y amigos en casa de su querida? ... :.... Después de un momento de reflexión, agregó ; - Qué cándida era yo antes ¿ nó es cierto? Cólera mé dá cuando recuerdo todo lo que yo he llorado , te– miendo que se descubrieran nuestros amores. Aho– ra yo me pregunto :- ¿Porqué, por quién vamos á sa– crificar nuestros gustos y satisfacciones?¿ Por las amis - tades ? .......... ~. He ! hace mucho tiempo, desde q Ué te amo á tí, que me fastidia la sociedad de mujeres. Ya sé á lo que vienen á mi casa; si son wltera_ á mirarte á tí con ojos tiernos, y si casadas á buscar empeños para alcanzar algún destino á farnr del marido ó de otra persona, que les interesa más. I é-
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