El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 1 95 - de atención y á mí debía costarmc, mu Jws mile- d ~ soles. lada entusiasma tanto á una mujer del g-ran mun– do, como el arreglo de un nuevo domicilio. Hora: enteras nos pasábamos, discutiendo sobre el color de los mueble y la calidad de cada uno de ellos. -La primera ca]ita-decía ella-llevará muebles oscuro. , y la de recibo debe estar con colores claros, celeste ó crema floreado, con cortinajes de la misn:ia tela. Ya los espejos no están de moda, me sabe á ;;ente de provinc ia, la que tiene g randes espejos en . us salas; nosotros adornaremos nuestro saloncito de recibo con obj etos de arte ¡ ay ! cómo me gusta á mi todo lo que es cu riosidades y adornos elegantes !.. .. Y en med io de sus descripciones de las habitacio– nes, enlazaba sus brazos á mi cuello y entusiasmada decíame: - ¡Oh! qué felices vamos á ser, en aquel fr1e'.u 11 '. – do para los dos. Tú ocupado d e tus tra bujo:5 de jefe <ie partido; y yo ocupada en ...... ¡ ah ! porque es pre- ciso que sepas, que por lo que más deseo que viva– mos solos, es por trabajar yo, junto contigo. Lo pri– mero que he de arreglar, es tu despacho, con mue– bles de marroquín cabritilla, y un escritorio muy ele- gante y ........ . - El mío es bastante bueno - interrumpíle yo, para manifestarle que me interesaba en sus pl " ::.es de arreglo de casa. . Siempre en estos casos llegaitarde la refiec~ión : y cuando para mí llegó quedé espantado de aquella

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