El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 1 94 - carme en casa de Ofelia, seguros de hallarme allá, mejor que en mi propio domicilio. Sin respetar la presencia de un extraño, solía dar órdenes al criado, diciéndole con tono natural: - Vé á llamar al sáíor, y dile que han venido á bus– carle. Esta palabra el sáíor _ quería en esos casos signifi– car, el dueño de casa ó lo que es lo mismo, el amante impuesto á la familia, y aceptado por la sociedad. Y el criado dirigíase para cumplir esas órdenes á las habitaciones de Ofelia, bién conocidas por ocu– par el ala derecha del gran patio exterior, y á donde ella sólo recibía á sus amigas íntimas. Estas piezas se comunicaban con el salón, por medio de una puer– ta sin molduras ni vidrios, y cubierta con el mismo mpapelado de la habitación; de tal suerte que cerra– da aparecía como una puerta secreta. Y yo envanecido con mi título de amante oficial de la Condesa de Vesale, de la hermosa mujer á quien o veía rodeada de adoradores desgraciados, y ami– gos con pretenciones de amantes, sentía íntima satis– facción al salir por aquella puerta, lo cual era una pública notificación de mi inaprec iable dicha. A Por fin quiso, para tener más libertad de acción, salir á vivir sola, en una casita que arreglaríamos muy elegantemente, egún decía ella; y este arreglo rle nuestra nueva morada, abson-ionos, much os días

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