El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 189 , - tino, y esperando lu justicia de Dios, ya que la de los hombres les faltaba. Y no se diga que presento el señor Cajero fiscal, como el tipo más saltante de la fraudulencia de esos caballeros; todos cuál más cual ménos, debieran en vez de la cadena de oro, engarzada al chaleco. arras– trar la del presidiario, condenado por robo con abuso de confianza, y estafa con circunstancias agravan– tes. I o por esto pretendo demostrar, que en el Perú no haya hombres honrados, entre los que se cuentan es– tadistas ilustrados y patriotas; nó, es que esos no formaban número en ese traqueteo chismográfico - político- bursátil de la corte de la señora Olivas. Asistían también á esos salones, algunas señoras de mano guanteada y alto copete...... .. . Respecto á ellas no me atrevo á emitir mi opinión. Con la veracidad que acostumbro, diré solo, que ellas me parecieron muy superiores á ellos. Verdad que por regla general, paréceme que en el Perú, acon_. tece la singular anomalía de ser, no solo en cualida– des morales é intelectuales, sino también en condi– ciones físicas, muy superiores las mujeres á los hom– bres. Será esta opinión la consecuencia de que en mi condición de político, he debido tratar con mayor co– nocimiento de causa á los hombres que á las muje- res? ........ . No sabría contestarme, y dejo la cuesti&n para los que quieran resolverla.

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