El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

190 Lentarpente sin darme yo cuenta, adquirí la cos– tumbre de ir todos los días á la cinco de la tarde á pasar dos horas al lado de Ofelia. Esta costumbre tornóseme tan imperiosa, que era como el alimento de mi espíritu: una necesidad mo– ral que no me era dable eludirla. Ofelia desplegó todo el artificio de la mujer de ta– lento, que valoriza y comprende que, en su sexo, el arte de resistir es una de las formas de la coquetería, y el mayor incentivo para las pasiones amorosas. Comprendí que Ofelia, pertenecía al número de esas mujeres que, una vez que se les ha amado, ya no es posible olvidarlas . Alcancé, merced á súplicas y protestas de mi amor y respeto, que ella me recibiera en un pequeño salon– cito, destinado á recibir á sus amigas íntimas. Allí, sin testigos ni temores, hablábamos de nues– tro amor, con la vehemencia propia de esa edad, en que se ama no sólo con el alma, sino también con el cuerpo, con todos los sentidos que parecen creados solamente para el amor. Allí pasaba yo, algunas horas á sus pies, conside– rándome el hombre mas dichoso de la tierra. Sentíame rejuvenecido, regenerado; ideas nuevas, foerzas superiores, aspiraciones levantadas, se des– pertaron en mí, como si por vez primera, sintiera la pasión del amor.

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