El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- r85 - muchos las subrayaban en la conversación, aludien– do á la equiYoca conducta de la noble sefi.ora. Haré aquí una sah edad importante. Al referirme á la sefi.ora Olirns i12adrc de Ofelia, lo hago siguiendo mis informes de aquella época; pues que solamente poco tiempo despues, llegué á descubrir que Ofelia era · sobrina y no hija de la señora Olivas; es decir sobrina oculta por ser hija de una hermana soltera de la sefio– ra; y así se explica que por su belleza, lozanía y gra– cia, aparecieran ambas mujeres, dos jóvehes hermanas mas bien que madre é hija. Estas sobrinas que se dán por hijas, lo mismo que las hijas presentadas por sobrinas, son aquí como en todas partes, secretos que corren en boca de toda la gente habladora. Extrañóme y mucho, el que Ernesto, apesar de sus alardes de estar perfectamente informado, ignorara aquel secreto que luego se hizo público; pero en es– ta vez aconteció un caso bien raro; los interesa– dos vivían persuadidos de que su secreto bajaría con ellos á la tumba: inocentadas propias de los que mira,.n el mundo á travez del prizma de la adulación. El juego de cartas, era pues el más poderoso ali– ciente que atraía á los numerosos visitantes de la casa. Allá encontrabánse aquellos respetables veteranos del tapete verde, que· tanta admiración nos causaron, y .á qui_enes en casa de la señora Olivas, rendíaseles el homenaje debido á su alto rango; pués que pertene– cieron al número de los que jugaron á chino apunte. Este apunte merece una explicación; se entiende pa- 24-

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