El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 184 - Pareci6me que un cambio radical y sumamente simpático, se había realizado en nuestra amistad. Ocurrióme entonces pensar, que quizá me encon– traba en los comienzos, no de uno de esos amoríos fútiles y perecederos, sino de una de esas grandes pasiones, que resisten al tiempo y á los embates de la vida; pero aquello no pasó de una reflección á la que no dí importancia alguna. Los primeros días trascurrieron rápidamente, pare– ciéndome que se hermoseaba, y entónces hubie– ra dicho que su espíritu tenía resplandores que ilumi– naban todo su ser. Si debiera de hacer hoy una defini_ ción de Ofelia, diría que era una limeña parisiense; los dos tipos que á mi concepto pueden tomarse en el mundo, como modelos de gracia y belleza. La señora Olivas madre de Ofelia, acostumbraba en los días jueves de cada semana, recibir á sus nu– merosos amigos: hablando en estilo aristocrático di– ríamos: «los jueves se quedaba en casa» y q-llá concu– rría la higli lif~ de la sociedad limeña; la que brilla por su posición social y financiera, más brillante és– ta que la primera en esas reuniones. La señora Olivas, era sumamente dada al juego de rocambor, ó como decían sus íntinios, era una ro– camborista de primera fuerza, y muy arriesgada para <e hacer e tradas. n Estas palabras que yo he subrayado en el papel,
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