El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- I 3 - -Hasta luego-acentuando e tas palabras, como _i fueran una cita. - dios señora - contestéle yo, sin intención de darla un rechazo. Desde aquel momento en que me separé de Ofelia, quedé intranquilo, disgustado, parecíame que algo nuevo, desconocido se realizaba en mi espíritu. Y como si sus ojos velados por el tul de su sombrero, hubieran quedado incrustados en el fondo de mi ce– rebro, y en la retina de mis ojos, no cesaba de verla, con ese aire de abandono y coquetería que con tan– to arte sabía adoptar. Hasta aquellos crespecillos y ue el aire del camino agitaba en la nuca de Ofelia, estaban tan presentes en mi imaginación, que había momentos que yo movía los labios, como si fuera á besarlos. Pasados ocho dias, de aquel encuentro en el tren,, me dirigí á casa de Ofelia. Como si corrientes irre– sistibles me hubieran llevado, ó más bien arrastrado hacia ella, fuí contra mi deseo, contra mi razón, con– tra mis convicci~nes y hasta contra mi corazón, que no buscaba el amor tempestuoso y reprobado de la mujer casada, sino el amor sereno, tranquilo y feliz de la mujer libre. Ofelia me recibió con la naturalidad de la amiga íntima, como si fuera la cosa más corriente y por ella esperada, el que yo volviera á buscarla. La ingrata impresión de la primera visita, habíase «lesvanecido de mi ánimo, y supongo que idéntica cosa, acontecía en el suyo.

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