El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 182 - - No, yo quisiera conquistar el corazón de una mujer como U d . Ofelia rió con esa risa nerviosa que es síntoma de profunda emoción. Y con toda la coquetería de la mujer aleccionada en el arte de seducir, díjome: -Esas conquistas las hace mejor el amor que la .voluntad, ¿ no lo sabe Ud? - Sí, sé que solo el amor conquista al amor; pe- ro ......... . En ese momento llegamos á Miraflores, y el movi– miento de nuevos pasajeros, vino á interrumpirnos. Quiso ella darle otro sezgo á la conversación, y me habló del campo, de los paseos veraniegos. Ofelia se asombró al escuchar una opínión mía. - Pero como es que no le gustan á Ud. estos pue– blecitos tan encantadores? -Es señora, que á mi me gusta el campo con campiña, con bosques de verdura, y esos cuatro ar– bolillos, raquíticos que bordan las calles de Chorri– llos, no hacen más que despertarme el deseo de ir á buscar el verdadero campo, donde se respira ei aire purificado por las plantas, y se divisa la pradera em- .be~lecida por las flores. La conversación rodó sobre este tema, tornán– dose al fin, excesivamente vana. El tren acortando pausadamente su anclar, se de– tuvo al fin. Había llegado á Lima. Ofelia tomó un carruaje é inclinando el cuerpo por el ventanillo, extendióme su mano para decirme -
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