El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

-;- r8r - -, 1 yo pudiera trabajaría por la candidatura d nsted. -Gracias señora, si Ud. me protegiera yo contaría seguro mi triunfo. -¡Ah! si supiera C el. cómo me entusiasma lapo– lítica, cuandó se divide en partidos! Yo me muero por esas agitaciones, esas iní.presiones de los parti– dos en lucha; y si conspiran contra el Gobierno, me– jor; así hay lugar á mayores impresiones, ya sean de angustia ó de esperanza, de zozobra ó de alegría, que es lo que á mí me gusta. ¡Ah! que felices son los hombres, que todo lo pueden! nosotras las muje– res nada podemos, por eso nos morimos de fastidio. Ofelia habíase exaltado y sus mejillas se colorea– ron suavemente. Parecióme bellísima. En el curso de la conversación, díjome algunas galanterías, como esta;-Los candidatos como Ud. gozan de la satisfacción de ver que los demás hom– bres le sirven de peldaños para subir donde desean ; y dicen que U d. tiene peldaños forrados en oro de dieziocho quilates. -Se equivoca Ud. señora, esos son partidario~ de su interés y no m_íos. -Yo creo que los hombres como Ud. conquistan verdaderos partidarios. -Señora, algo más que partidarios quisiera yo conquistar. ·-sí, quisiera Ud. conqui star el Palacio de Go– bierno ¿ nó e~ verdad?

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