El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 180 - asiento á la dama. Yo fuí uno de ello::,, y mi ofreci– miento quedó aceptado, exigiéndome tornara yo el del costado, que también le fué ofrecido. Cuando estuve á su lado un gesto de sorpresa, qui– zá de emoción, contrajo mi fisonomía. La dam.a á quien yo había cedido mi asiento, era Ofelia. Tupido velo cubría su rostro, y cual brilla trás es– pesa nube de invierno, el lucero de la tarde, así ·bri– llaban sus ojos, expresivos y parleros más que nunca. -Cuánto tiempo que no tengo el gusto de ver á Ud! ...... -Sí, cierto, mucho tiempo - contestéle yo, sin poder agregar ni una palabra de disculpa, y casi re– suelto á cortar la conversación. -Todos los días esperaba verlo llegar. ¿ Cuál es la causa de su alejamiento? -He estado muy ocupado-dije, recurriendo á es– ta vulgar disculpa. -Es natural; un hombre como Ud. jefe~ del parti– do más popular que ha habido en el Perú, candidato favorecido con los homenajes de los más eminentes ciudadanos del país, el hombre en fin más ........ . Yo tosí fuertemente, enbarazado con esta avalan– cha de lisonjas que ella me dirigía. En ese momen– to ocurrióme preguntarme. ¿Si habrá adivinado mi disgusto, á causa de su falta de admiración por mi alta posición social y política? ...... Yo me apresuré á contestar. -¡Oh! señora, U. me lisonjea demasiado. Y ella con mucha gracia me respondió.

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