El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 14- c 1 a, y cnán hondamente quedan jmpresas en Ja me- moria humana! . .... . ¡Oh! paréceme estar viendo aquellos lugares em– bellecidos con todos los recuerdos de la niñéz; veo los grandes y solitarios patios con sus altos muros for– mados de piedra de sillar, como allá se llama la pie– dra volcánica de construcción, con la que están fa– bricadas las sólidas casas de la ciudad; veo el ~lto y corpulento pisanay, cuyas consistentes y rojas flores, \·enían á recojer los pilluelos de la vecindad, para con ellas simular jugadas y riñas de gallos, represen– tando cada flor, á uno de esos valerosos animales; \·eo las techn~bres ele blanquísimas bóvedas, con sus Yentanas desiguales, parecidas á estrechos agujeros, ci6nde anidaban gorriones y golondrinas y también formaban allí sus panales las abispas; , eo el huerte– cillo con sus árboles raquíticos, torcidos y mal cuida– dos, y sus avenidas nunca limpias, como que la esco– l 1a andaba lerda por allá, la veo con sus bancos de piedra, toscos y ennegrecidos, asemejándose á viejas tumbas, ~.-esquebrajadas y carcomidas por el tiempo ... Bién quisiera prescindir de esta historia de mis pri– meros años, pero la juzgo necesaria para explicar las mil anomalías, que hay en mi vida; y también el lado algo dramático que en ella se ha de encontrar; y luc– ,!.!,.O, las primeras impr siones, los primeros aconteci– mientos, que nos han rodeado, son casi siempre el
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