El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 1 73 - Cuando me retiré del teatro, me parecía estar, mucho más enamorado que antes. Como la fiebre de una terciana, así el amor embar– ;;Ó todo mi ser, rápida y violentament~. A los ocho días de haber conocido á Ofelia, toca– L>a yo la puerta de su casa, no sin sentir esa deliciosa emoción del que vá en pos de la felicidad deseada. Mi visita no la causó novedad; parecía que me es– peraba. ¡ Quién sabe! Las mujeres poseen el don de la adivinación cuando se trata de pasiones 6 afectos que ellas inspiran. Las mujeres sólo se engañan, cegadas por la vani– dad; en toda otra ocasión ven mas claro que noso– tros. Desgraciadamente, yo fuí allá bajo la fiebre del pri– mer momento; bajo una ilusión forjada con el calor del amor naciente, y en ese estado es muy posible lü decepción; pues que la imaginación nos lleva siempre más allá de la realidad. Aunque elegí para ir á casa de Ofelia, un « día de recepción,» en que los salones estaban invadidos de ,-isitantes, no me fué difícil hablar largamente con ella; y ora reclinados en un confortable confidente. r,ra de pié, cerca del buffee, nos juntábamos frecuen-
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