El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 171 - me estremecía deliciosamente.-Es Ot lia decíame, y después de haberme desengañado, volvía la vista á otro lado, esperando siempre verla. Yo estaba en un palco de amigos <ipalco de ltombres i, y la charla era animada y la sátira picante. La pieza era chistosa; pertenecía al repertorio moderno; reí de buena gana, apesar de encontrar en toda ella ese gu to canallesco, que predomina hoy en las obras de arte; pero en esos momentos decía– me: -Mejor es así, al menos de este modo se halla el anestésico del sentimiento y la pasión. Aproveché el último acto, cuando ya comprendí que Ofelia no vendría, para hacer una pregunta á propósito de la pieza, y dije: -Me han dicho que en noches pasadas le diú m1 accidente á la señora Ofelia Olivas. - ¡ Ah ! sí, á la C ondesita del pescante. Debo advertir que en Lima, damos el título . de Conde y Marqués, no á los de viejos pergaminos que de puro ráncios, han quedado'relegados al olvido, si– no sólo á los Condes flamantes de título comprado. Y dígase lo que se quiera, en esto procedemos con es– tricta justicia. El que compra una cosa es porque la necesita, y negarle el título sería defraudarle su dinero, casi como robárselo. Los que con cierta envidiosa inquina se sulfüra– ban contra tan monárquico título, bautizaron á Ofe- 1ia con el satírico nombre de la Condesita del pescante, en alusión sin duda, á la profesión de cochero que había ejercido en Francia el Conde.
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