El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 170 -- gos y partidarios; pero pensé que no me eran urgen– tes, y podía aplazarlas para el próximo vapor. Tam– bién debía hacer algunas visitas, y estas como las cartas, fueron dejadas para mejor ocasión. Mis amigos, aquellos que me rodeaban á todas ho– ras, notaron mi estado de perturbació·n é intranqui– lidad, y para desorientarlos, pretesté cualquier mci– dente, el primero que me vino en mientes. Por la noche determiné ir al teatro. -Allá veré quizá á Ofelia-me dije. Y vistiéndome con todo esmero pensaba: -Sería cosa graciosa que yo viniera á enamoraf– me de una mujer casada, y que para colmo de males, me diera con una virtud incorruptible, que me con- denara al papel de enamorado desgraciado ...... Vaya 1 pues el tal suceso sería digno de escribirse; digo, en le supuesto que sólo se escribieran las cosas extra– ordinarias é interesantes, y no como sucede hoy, que se escriben tantas sandeces. A las ocho y media de la noche, me instalé en mi palco de abono, en el Teatro Principal. Sin darme cuenta de mis acciones, no tomé asien– to sin haber mirado antes á todas las señoras que ocupaban los palcos. -A quién -busca Ud.-pregunt6me uno de mis amigos. -No busco á nadie-dije aparentando aire dis– traído. Y cuando la puerta de un palco se abría y llega– ba á entrever un vestido de se11ora, dulce emoción
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