El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 169 - del pantalón al caer sobre la bota; y p1carezcamen - te díjome el muy ladino: -Ya se va Ud. convenciendo, señor, de qne es ne– cesario vestirse á la moda ! Hasta entonces yo no le había hecho más que esta recomendación :-Tela muy séria y nada de modas exageradas. Dos horas después, regresaba á mí casa sin haber visto á Ofelia. Al cruzar hacia el ángulo del Portal de Botoneros, recuerdo que distinguí á una mujer con un vestido tan parecido al que llevaba ella el día que la conocí , que llevé la mano al sombrero para saludarla. No era ella; pero sentí viva emoción. Muchos años habían trascurrido sin haber sentido aquel goJ– pe eléctrico, que acelera las palpitaciones del cora– zón, y produce ese lijero desvanecimiento de la vis– ta; esa impresión que cuando está acompañada de una esperanza, nos hace sonreír, y sí de una decep– ción, nos pone azorados, como si viéramos á la muerte. Por primera vez, desde que era jefe de partido, fuí á comer á un hotel. La idea de comer sólo en mi casa, ó quizá acompañado de algún amigo, que había de hablarme de política y de partidós, me inspiró aversión. Principié á sentir disgusto por todo lo que antes me había seducido. Por vez primera también, et:1contré difícil el trazarme el progrc)..ma de aquel dia: es decir, ocuparlo todo en cosas agradables. Necesitaba escribir algunas cartas para mis ami- 22
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