El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 162 - aceptó á uno de los amantes de su madre, para hacer– lo su marido; la razón es fácil de explicarse; estaba , locamente enamorada de uno que se decía Conde de Vesale, y que llegó á Lima en calidad de agregado -á la Legación de Francia, su patria. El perillán aquél result ó ser hijo de un cochero, que había heredado algu nos rearejus de un tío que estuvo en América , y aunque hijo de un plebeyo, es hoy en realidad un legítimo Conde, con título comprado por supuesto. Ernesto_ con la expresión del que saborea algo muy de su gusto , continuó: - Dicen, á mí no me consta, que el marido á más de hijo de cochero, resultó también un villano de esos que en Francia toman el o~cio de acomodadores– y que, como un medio de lucrar, buscan mujer bonita, p-ara ganar dinero con ella. ~ - Parece -díjele á mi amigo - que recarga Ud. demasiado de negro y bermellón el cuadro biográfico que está Ud. trazando. - Nó; lo que hago es, repetirle lo que me consta y á más he oído decirlo; yo solo afirmo lo que pue– do p robar; en ese punto soy hombre íntegro-dij o . Ernesto con la vanido3a satisfacción del que habla de asuntos profesionales. Despues de una pausa, continuó : -Desgraciadamente el Conde sedió con una jóven que por uno de esos raros caprichos de la natura– leza, no quería someterse á las leyes de la herencia. La h ija de la señora Olivas, resultaba ser muj er honrada !.... .. Tá ...... tá ...... t á ...... Y Ernesto afianzó su sátira, con una estrepitosa carcajada .

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