El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 161 - - ¡Hombre¡ n en vano le dán á Ud. reputación <le maldiciente y pesimista. - Sí, maldiciente y pesimista porqué digo la ver– dad, sí, la verdad limpia y neta; lo desafío á U d. á que no me toma jamás en una afirmacióri que no pueda comprobarla ántes de veinticuatro horas. -Ya lo sé, que se precia Ud. de decirle las verda– des al lucero del alba. -'-Al lucero del alba y al Sol por salir-dijo Er– nesto, envanecido de su maldiciente ver,\cidad. -Bueno; pero no nos desviemos del punto prin– cipal. ¿ Quién es esta jóven que ha estado aquí? -Me avergüenzo de conocer tan escasas noticias, pero le daré algunos apuntes ciertos y seguros. Y Ernesto arrellenándose en su sillón, dijo: -Ofelia Olivas, pertenece á una familia rica y no– ble; rica oliendo á salitre y guano, y noble con bahos <le cuartucho de Abajo del Puente. - ¡Bravo! la definición es prometedora. -Sí, como que la madre escandalizó á la sociedad de Lima; pero supo sostenerse á grande altura, de– bido á su vida rumbosa y derrochadora. Ya sabe U d. que en esta sociedad no hay vindicta pública, siempre que el brillo del oro cubra las manchas del honor. Los amantes de la madre, pasaron á ser novios de las hijas, y la sociedad toda iba á casa de la señora Olivas á comer y beber, fingiendo ignorar lo que ella jamás se cuidó de ocultar. Déspués de una páusa, Ernesto continuó: -Ofelia es la única de entre sus seis hijas que no ~l

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