El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 1 57 - Mi curiosidad por conocer algo más que la figura de la hermosa que acababa de salir, no era del todo vana. Hay mujeres que se nos hacen interesantes desde el primer momento que las conocemos. La curiosidad en ciertos casos no es más que una de las formas que toma el amor, para apoderarse del corazón. Después de haberse alejado aquella mujer, que– dóme en el alma algo nuevo, pero vago é indeciso, como si ténue vapor hubiérase desprendido de ella para infiltrarse en todo mi ser; como si en mi ce– rebro hubiera dejado una huella, ó impresión pr(1)– funda, que continuába presentándome su figura, sus movimientos, su v0z, su gracia, y sobre todo esto, sus ojos; dos ojos luminosos, parleros, revela– dores de un mundo, para mí quizá hasta entónces desconocido. Yo miraba el sitio donde estuvo sentada., y la ilu– sión era tan viva, que hubiera asegurado qu_e estaba allí todavía, con la sola diferencia de haberse hermo– seado como iluminada por misteriosa luz. Ernesto había tomado un periódico, talvez para eludir toda pregunta referente á la dama que aca– baba de salir; pero yo estaba ya mordido por la curiosidad, ó diré más bién por el amor; y sin po derlo evitar repetí mi anterior pregnnta, ~uidando solo de tomar el aire indolente y distraído del que habla de personas indiferentes:
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