El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 156 - gado y á la virtud recompensada. Como si el mundo fuera de ángeles y nó de hombres!. ..... Al fin llegó el momento en que la 'dama púsose de pié dando por terminada su visita. Después de las frases de estilo de: - Mucho gusto de conocer á Ud:, ella agregó: Todos los Juéves recibo á mis amigos ..... . Yo no sé lo que la contesté; pero sospecho que no tuve acierto para decir lo que debía, porque en sus lábios dibujóse burlona sonrisa. Así que se hubo retirado, despertóse en mí, viví– sima curiosidad de conocer quién era esta simpática y hermosa dama de la cual apénas sabía yo que era ~na viuda de alta posición social. -Quién es esta jóven ?-pregunté á mi amigo. No me doy cuenta de lo que en todo el tiempo de la visita expresaría mi semblante; lo ·'cierto es que Ernesto fijó en mí su mirada, nó sin manifestarse algo asombrado; luego hizo un jesto de disgusto y guardó silencio Quise repetir la preguuta, pero r~tuve la palabra al ver que él se había dirijido á su escritorio y princi– pió á escribir, como para eludir toda respuesta. En ese momento, me ocurrió pensar que quizá era la qµerida de Ernesto, y que sería poco prudente despertar sus celos; pero luego reflexioné que su distinguido porte y su aire de gran señora, quitá– banme todo derecho á hacer esa ofensiva suposición, abonando en favor de la honradez de la jóven.

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