El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 1 53 - - Muchos días que no tengo el gusto de ver á U. -y diciendo estas palabras, Ernesto ofreció una silla, que ella aceptó sonriéndose con esa, á la vez encantadora y triste sonrisa. Yo la contemplaba, deslumbrado por su belleza, y adivinando que trás el velo de su sombrero, color lila con flores silvestres, se ocultaba, no solo un lindo rostro, sino también un gran espíritu y un gran co– razón. Sus ojos claros, de ese azul verdoso y poético, propio de la raza sajona, diríase que la iluminaban todo el rostro, manifestando esa movilidad, signo seguro de vivacidad de carácter, y expresión de in– finita ternura. ,Vestía sencillamente, sin rebuscados ni pretencio– sos adornos; solo sí parecióme exhalar d~masiado perfume para tan aristocrático porte. Después que se hubo sentado con el busto algo inclinado, y abriendo y cerrando un rico abanico color ala de cuervo, dijo: - Quizá he llegado á interrumpir ..... . - N ó, señora. ¡Ah! permítame U. que le presente á mi íntimo amigo, el Coronel Bello. Ella, saludándome graciosamente, extendió su ma– no, que yo estreché conmovido deliciosamente. Deseando Ernesto, darle á mi presentación toda la importancia necesaria, agregó en tono de broma: - ¡Ah! se me olvidaba: el Coronel Bello es el caudillo que ha de derrocar al Gobierno espúreo que tan arbitrariamente se nos ha impuesto; con que . 20
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