El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 1 54 - así señora, mucho cuidadito, ya sabe U. que está U. en presencia del j ere del partido ..... . La dama sin darse por notificada, de las incon– venientes palabras de mi amigo-Sí, conozco de vista y de nombre al Coronel Bello-contestó mirándome con interés. -No vaya U. á hacerle creer, que es U. su par– tidaria. -Puede ser que dijera verdad, si afirmara así. - Una mujer jóven que se entusiasma por un candidato, concluye siempre por enamorarse de él. -¡Oh nó, nó ! eso no es verdad. Y ella pronunció esas palabras con tal vehemencia, que se colorearon sus mejillas, y su voz parecióme esparcirse en la sala como los trinos de un ave . Yo, habíame puesto de pié, en aptitud de reti– rarme. -¡Cómo! ¿ se vá U d.? preguntóme Ernesto admi– rado. Sentíame turbado é intranquilo ..... . -Señor Coronel-dijo ella dirijiéndose á mí-si U d. quisiera quedarse, se lo estimaría mucho; preci– samente he venido á rogarle al señor que es tan amigo de U d., para que prestáramos un gran servi- cio á una pobre viuda, que ..... . -¡Una viuda! ...... eamos quién es ella y será hermosa-dij o riendo Ernesto. - í, una pobre inda, que vive en la mayor mise– ria. ¡ h ! si vi ra U l. qué hi toria tan triste es la suya! Su esposo fué un militar valeroso que murió
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