El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
-- 152 - Más tarde, entró á Congreso en representaci6n de su Provincia, y allí parece que hizo el caldo gordo; pues nada ménos que ~n un negocito ferrocarrilero, vendió su voto en diez mil soles, y este fué el princi– pio de su hoy regular fortuna. El domicilio de Ernesto, situado en un barrio central y aristocrático, era una casa perfectamente amueblada, y aunque vivía con su familia, tenía su departamento independendiente, donde recibía á sus amigos. Un día estábamos ámbos en lo que él llamaba su estudio- apesar de no tener de estudio, sino un pe- , queño E-scritorio que jamás estaba abierto y un par de estantes, cuyos anaqueles estaban vacíos, y cuyos entrepaños no guardaban ningún libro-la conver– sación rodaba, como de ordinario, unas veces sobre asuntos políticos, otras sobre confidencias íntimas que ambos, con la confianza que inspiran las amista– des de la infancia, nos hacíamos. En lo más animado de nuestra conversación, oí– mos, llamar suavemente á la puerta de entrada. - ¿ Se puede pasar ?-preguntó una hermosa ca– beza de mujer, cuyo cuerpo quedaba oculto trás el tupido cortinaje de la puerta. -Adelante señora -y Ernesto fué á su encuentro. - Ya sabe U. que mis visitas son siempre intere- sadas, así que ... .. . Y fijando en mí su vista, detuvo el paso y cortó la frase principiada, como si dijera :-Hay un desco– nocido.
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