El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- LU- \.,onspirar, como si yo llevara en mi sangre, el fuego jnextinguible que puede encender un pueblo con la rapidez de la chispa eléctrica. Y calenturiento, so– breexcitado por mis propias ideas, me lanzaba á la calle, esperando contagiar á cuántos encontrara del entusiasmo que á mí me de oraba. Y sin haberme atrevido á habla.r á un solo amigo, yo regresaba á mi casa, cabizbajo, desalentado, para ir á dejarme caer sobre mi lecho, quedaudo sumido horas enteras en las más crueles reflexiones. En este estado de sopor de mis sentidos, perma– necía largo tiempo, hasta que una nueva impresión, venía á sacarme de a:quella dolorosa situación. Así pasaba los días, sintiendo que el ocio, lenta– mente iba corroyendo mi espíritu, como corroe el moho una fuerte pieza de hierro. La pereza intelectual, ese marasmo del espíritu, habíase apoderado de mi cerebro, produciéndome embotamiento y pesadez en todo mi sér. Y así indolente, hastiado, crecía cada día más mi aversión hácia todo aquello que me trajera la idea de un tra~ajo físico ó intelectual. Algunas veces me sucedía, que pasaba largas horas. con la imaginación ocupada en hacer desfilar ante mis ojos, á aquellos individuos, cuyas maquinaciones y fraudes, yo conocía con sus más ocultes detalles; y entónces, arrepentíame de haber perdido tan las- · timosamente mi tiempo en subir allá, donde yo debía conceptuar que aquello no era ·para un hombre hon– rado un ascenso, sino un desdoroso descenso.

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