El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 1 44 - · Ideas s6brias, con deducciones trístes,. surgían e.o mi mente, y como si trabajosamente culebrearan por las circunvolucion€s de mi cerebro, rara vez llega– ban á su completo desarrollo. Y de una pasaba á otra idea, y todas venían á converjer en un solo punto; y ese punto lo veía yo,. entre las multitudes que me aclamaban, entre el estruendo guerrero de ejércitos vencedores á quienes yo con mi voz apaciguada mandaba, como diz que manda el Omnipotente; las e!I}bravecidas aguas del Océano. Otras veces, sentía aversión profunda, hastío in-· vencible por todo lo que se relaci0na con la política de mi patria; parecíame que respiraba una atmósfera nauseabunda, esa que se desprende del fango social,, más pestilente que el que se forma con las aguas detenidas y cenagosas. Y gustaba irme días enteros á la campiña, á la casa de algún amjgo hacendado, para ver allá al hombre en su condición más natural y noble, explotando, nó las malas pasiones y la per_ fidia de los hombres, sino la tierra, esa madre agra– decida, que siempre retorna ciento por uno. Y des– pués de haber pasado ocho días allá, me sentía con ánimo, con disposición de vestir el traje del agricuL tor, y entregarme á cultivar la tierra; y mi alma se solazaba sintiéndose como aliviada de la inmensa pesadumbre de mis propias ideas. ¡Ah! quién me hubiera predicho entónces el cú– mulo de decepciones que yo debía apurar! Quién hubiera podido prever la cadena de males que se me esperaban y que ent6nces aún podía evitar! Sí, pude

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