El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 1 39 - mis partidarios. Estas reuniones, son indispensables para organizar el partido, y hacer u o de la palabra y del pisco, (aguardiente) más elocuente éste que la primera, para mover el entusiasmo de los ciudadanos. Dicho se está, que la casa estaba de bote en bote, en los días señc:.lados, amen de otros en que expon - tánearnente se rennían. En cuanto á peroraciones y discursos de efecto, fueron tantos, tan entusiastas y encomiásticos, que más no serían si de conquistar el mundo se tratara. · Y cada vez que el alcohol hacía subir el termóme– tro de su entusiasmo, juraban derramar su sangre en pró del candidato de sus simpatías. La t01na de niesas ! ..... . Cuestión de reformas de la Constitución, de las que no quiero hablar aquí. Solamente los que hemos vivido en estos pueblos, donde sucede que, proclamando la justicia, triunfa la fuerza, y con el nombre de votaciones se dán ba– tallas reñidas, podemos conocer hasta qué punto son temerarias é incorrectas, las campañas electora– les. Bastará apuntar que entónces, sucedió lo que en estas Repúblicas de América siempre ha sucedido: el Gobierno lanzó su candidato oficial, y después de las elecciones yo y todos mis partidarios, nos que– damos mirándonos las caras. El candidato oficial obtuvo el triunfo!! .............. . Tan injusta derrota, debía sublevar tanto más los ánimos de mis partidarios, cuanto que todas las

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