El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 136 - laba á los blancos, como los factores únicos de las culpas y desvíos de los pobres. Y al presentarme yo, como el vengador de los agravios sufridos y <( los derechos conculcados u no necesitaba más para ser llevado á los cuernos de la luna. El pueblo es crédulo y fácilmente se le engaña: • máxime si se le habla de « reivindicar los de1'echos de la justicia», ó mejor, de conquistar la igitaldad, la fraternidad y la pe1jecta felicidad, que, muy solemne– mente le prometemos; ó de cualquiera otra zirigaña con que los candidatos, embaucamos á los inocentes y crédulos. De mí sé decir, que estas artimañas diéronme magníficos resultados; tanto que, más de una vez. asustado de las proporciones que tomaba aquella chispa, encendida por mi mano, y que amenazaba tomar las proporciones de un incendio, temí por mi propia seguridad. · De entre la gente del pueblo, llegaban hasta mí diálogos semejantes á éste: - Ya llegará el día de cortar cabezas - decía un hombre del pueblo, refiriéndose á los blancos, nombre depresivo é insultante, con el cual, la gente de color. como aquí decimos, designa á la clase alta, formada ·n su generalidad, por la raza blanca . - Yo he oído decir- agregó un indígena-que el Perú con todas sus riquezas, fué de nosotros, y que ellos nos robaron y nos pusieron á trabajar. -Si matar blancos es mata r ladrones ,-repuso

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