El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 13..¡. - cuente ovación: y fué victoreado y agasajado por todos los que entusiasmados, le señalaban diciendo: - « Ese es el futuro Salvador de la República. n Y diariamente, era necesario llenar las columnas de El Demócrnta, con artículos editoriales ó de cró– nica que, asi no fuera más que indirectamente, tu– vieran relación con mi persona y mi candidatura. Felizmente, mis enemigos me prestaban impor– tantes ser icios en este punto. Qué tontos son los hombres públicos, que se en– fadan porque tienen enemigos! Difícil, casi imposi– ble, le sería al candidato sostener periódico si no tuviera enemigos. ¿ Quién refutaría nuestros asertos, dándonos lugar á la réplica? ¿ Quíén nos atacaría, presentándonos ocasión de hacer resaltar las cualidades del candi– dato? No son los amigos, sino los enemigos los que con mayor afan leen nuestro periódico, y siguen nuestros pasos. Y luego en el terreno político, cuánta importancia presta eso de tener ene11iigos. Cuando un chizgarabiz, principiante de candidato ( también los hay en Lima) habla de sus enemigos, todos los que tal escuchan, sienten el cosquilleo de la risa que inspira un alardeador pretencioso; pero cuando se trata de un hombre que con toda propie– dad habla de s1ts enemigos, esas dos palabras vienen á ser sinónimo de estas otras dos: 111,i grandeza. En política son más constantes los enemigos con
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