El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

132 - No necesito decir, que fué necesario fundar un pe– ' riódico . Un candidato sin periódico, es como santo sin devotos 6 muchacha sin piqiiines. Ajustándome á la práctica, fundé yo mi périódico; es decir, lo fundaron mis amigos con mi dinero . ¡Ay! y cómo especulan los e,ditores, la vanidad de los candidatos! Ellos hacen el caldo gordo, con lo que muy púdicamente llaman sus amigos ó sus can– didatos, cuando en realidad somos las víctimas de sus marrullerías, que nos dejan turulatos y lelos, cada y cuando nos llega la cuenta del amigo editor. Mi papelucho aquél, que con toda propiedad puedo decir, que me costaba un ojo de la cara, fué bauti– zado con el pomposo título de El Demócrata; y este demócrata, no tuvo otra divisa, que poner de mani– fiesto, como es de uso entre candidatos, mis grande~ aptitudes y méritos; no solo de estadista, diplomá– tico, codificador, político, sino también de guerrero . ( Es de advertir que haber bién ó mal guerreado, es. en el Perú, título de gran valía, para un candidato:) pero sobre todo, debía resaltar notoriamente mi acrisolada honradez; esto ele la honradez, es punto sobre el cual precisa recargar la paleta con sumo tacto y discreción, máxime cuando el candidato ha sido, como lo fuí o, acusado d malos manejos de la hacienda pública. Y aunque esta acusación~ nadi e la haya formulado llega hasta nosotro , cual sordo

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