El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- IJI - Nadie, ningun otro candidato, hubiera podido en– tónces decir como yo decía. qu tenía yerdadero partidarios; hombres que serían capaces de dar mil Yeces sus vidas por defender mi persona, y este con– Yencimiento nacía de pruebas palpitantes que ent6n– ces me daban mis amigos. Los hombres de algún mérito que rodeaban á los otros candidatos, mis contendientes y rivales, más que partidarios de ellos eran enemigos míos. Siguiendo la práctica de candidatos de alto rango y aprendices de idem, principió para mí la série de banquetes, que son para el candidato~ lo qne el recla– me para los inventores de drogas curativas. Y banquetear, es un verbo, que sin duda ha sido aceptado, para el uso esclusivo de los candidatos en auge. En Lima, los hombres públicos necesitamos ser como las mujeres públicas; comer tantas ,veces cuántas sea necesario para conquistar á un amigo. Después de un mes de vida de no interrumpidos banquetes, tuve necesidad de acudir á mi médico por hallarme horriblemente indispuesto del estómago.

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