El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 130 - breabundan los vividores, trapisondistas y jorrones; los que viven medrando c011 la política de su patria, sin importarles cosa las cualidades ciertas ó supues– tas del candidato. Y no se diga que esto solo puede aplicarse al pue– blo; también «la gente decente,> que decimos en Lima, se afilia solo al partido que lleva mejores pro– babilidades de triunfo, sin que las ideas, ni los inte– reses de la patria, entren ni aún por ápices, en esas predilecciones á favor de tal ó cual partido; y en prueba de esta afirmación, citaré el que cada uno de los bandos, lleva el nombre de su candidato, sin que ninguno proclame una idea que le diera derecho á titularse, ya sea conservador, liberal, 1~adical ó cual– quier otro título, digno de un partido No me explico cómo puede suceder que ciudada– nos ilustres de verdaderos méritos y valimentos, se prestan para dejarse exhibir, formándole cola á un candidato, que casi siempre es un hombre, levantado como yo, por los vientos de la fortuna, ó quizá más bién, por vientos cargados de pestilenciales miasmas sociales. Y no se dirá que en mi partido no habían hombres Je calidad, de los que se llaman ' ilustres, ó cuando ménos, que pertenecían á la alta clase social; esto no impedía para que todos se agruparan allá á mi a lrededor, mezclados y confundidos con esas turbas de vividores, cuyo entusiasmo compramos, pagándolo como cualquier ot ro medio de aviso ó propaganda u.el partido, que, en días tales, más q1Je nunca, debe probar su fuerza y popnhridad.

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