El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 123 - sus abuelos fueron de los más noble y us padre~ tan nobles como ricos. El hambre puede taparse, miéntras qu la vergüenza de tener en la familia una gentuza mal nacida ¿ qt~ién puede taparla? -Pero mamá, si él es un hombre hon rado, y todo.– lo estiman quién sabe más que á nosotras. - Calla tonta; no hables disparates! La aristo– cracia es la aristocracia, y nunca habrás visto en un salón, un vendedor de jeringas. -Sí, buenos ladrones son tus a1 1 -istocn1áas-cl ij o • Lola algo emberrenchinada. -Q-uimporta eso; cuando ima pertenece á la pri- . mera clase, una puede hacer todo sin perder nada, · ¿ Que tú no sabes eso? -Sí, mamá-observó la segunda-lo principal es que no perdamos nuestras amistades; así podemos esperar ...... ¡ quién sabe! .. . - Ya lo creo, el que tú y L ola se casen con el n, e– jorcito de Lima. Y Lola enfurruñada contestó: -Sí, hace diez año. que estoy esperando eso que tú me dices, y ya ten~ go ...... tú sabes bien cuántos ...... y j qué! -Bueno ...... bueno. Lo principal es mantenerse una en la posesión soci3!1 en que itna ha nacido, y no irse á emparentar con gentuzas que le hacen á u1w perder mucho sin ganar nada. -Claro, yo digo lo mismo-agregó la nó intere– sada . No dejé de maravillarme al ver estas tres mujere que, sin contar renta ninguna, se veían precisadas á
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