El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 122 - encendía en la casa». Por la mañana, y haciendo la veces de almuerzo, se comía rnalquie1 1 porquería, se– gún el decir de la señora mamá. Pasadas las hora - de almuerzo, tanto ésta como las dos jóvenes, se emperejilaban para ir á pasar el día en casa de al– guna amiga, donde lo suculento de la comida, venía á compensar lo flaco del almuerzo . Dicho se está . que estas amig~s debían ser á precisión, gente da– divosa y que gozaba del confo1 1 t de la vida. Asi pasaban estas tres mujeres, ocupadas en las modas, en los noviazgos, en los matrimonios mal avenidos, en las novias enamoradas y plantadas por su amante; y en este batiburrillo de cosas mundana– les, también entraba algún sermón muy <1 bién predi– cado>> por el señor tal, ó cualquier otro comentario místico, ensartado con el mismo calor, en el cuerpo de sus animadas conversaciones. Un día la señora hablaba muy indignada. -Qué se habrá imaginado-decía-¡ Un boticario! Jué lindo fuera que nosotras que estamos en la pri– mera sociedad, resultáramos con que Lola se casaba con un boticario!.... . . Si se habrá creído el vende– dor de i11güentos que con sus cuatro 1 1 iales puede en- rolarse con una familia de la aristocracia! ... .. . -Sí mamá; pero al paso que vamos, concluiremos por morirnos de hambre-observó la interesada. - forirnos de hambre! cuando tenemos tan bu e– nas amistades!...... Eso sí que nó . Lo que es por mí, yo prefiero la11ibe1 1 la tierra ántes que descender de mi clase. El hambre no debe de hacerla á wur olvidar, que una tiene sangre azul en las Yenas, y que

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