El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- rr8 Con ajílidad y fuerzas extraordinarias, Lucía habfa retirado una cómoda-escritorio que colocada inten– cionalmente allí, servía para ocultar la entrada al sótano. La impresión de susto, fué tan violenta en mí, que no atiné á prestarle ayuda á Lucía; y ella volviéndose á mí, con enérgico acento, díjome :– Huya U!. ..... Yo me arrojé á aquel antro, y la puerta cayó casi empujando mi cuerpo. Luego sentí rodar muebles y el estrépito de la puerta forzada por los policiales, fué seguido del ruido seco, pesado como el de un cuerpo que cae al suelo; era Luda que privada de conocimiento, había caído desplomada, como herida por el rayo. Y yo allí bajo de sus piés, adivinaba y comprendía cuanto pasaba. Sin atreverme á dar un solo paso, principié á tantear los objetos ó las dimensiones de aquel sóta– no. Las tinieblas más impenetrables, rodeábanme y me imaginaba que al primer paso qu.e yo diera,, podía caer en algún nuevo abismo . Un temor asaltóme luego: si como era lógico pre– sumir, la policía había sido traída por algún enemigo mio, 6 quizá por algunos de los que se decían parti– darios míos, ese escondite en que yo me hallaba, no debía serles desconocido. Momento á momento, esperaba ver levantarse aquella puerta, y venciendo mis temores, me propuse alejarme de allí, arrostrando los peligros para buscar salida al convento á donde yo contaba encontrar buena acojida. Pero no bién hube dado algunos pa– sos, cuarnlo tropecé y hube de dar una caída. Era

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