El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- II7 - \~ ) o á cada paso recibía pruebas elocuentes del amor de Lucía; y la v b temLlar, pali<lecer, á la 1dea de cualquier peligro que me llevara ó alejara de su lado. ¿ Pr sentía tal vez lo que debía suceder? o lo sé. En el reloj de campana del comedor, acababan de sonar las siete de la noche . Lucía de codos sobre la ne a, parecía sumida en dolorosas reflexiones. Lar– gos su piro se escapaban de su pecho, y me pareció ver Grillar una lágrima en sus ojos. Yo haLíame retirado á mi escritorio para ordenar algunos papeles que pensaba sellar y entregar á Montalvo. De súbito sorprendióme el ruido de voces seme– jantes al de varias personas que disputaran acalora– damente; y casi al mismo tiempo, Lucía entrando desalada á mi habitación, cerró la puerta torciendo la llave, y como si esto no fuera suficiente, corrió un largo cerrojo del que jamás se hacía uso; luego azorada, balbuciente, y con el semblante demudado por el terror que en él se retrataba, díjome: - La policía!.. .... Sálvese U. por aquí!. ..... No bién hubo ella pronunciado estas palabras, cuando dejáronse sentir, golpes repetidos y furiosos, dados en la puerta, cual si pretendieran forzarla á. culatazos.
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