El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- rr5- sino por dirigirnos. Como él es nuestro paare espi– ritual. ..... La señora Clemencia y su hija Lucía, prodigaban toda suerte de homenajes al señor Plácido, y él retornábales su afecto, con buenos consejos y halagos que ellas estimaban en mucho. Un día que una amiga de Lucía, dióle el título de ivionseñor, queriendo sin duda manifestarle mayor consideración, díjole él:- ó hija, no te apresures tanto; todavía no soy Monseñor; pero ya llegará el día que lo sea. Para desviarme de toda mala sospecha, á causa de las frecuentes visitas del futuro Monseñor, principié á notar que Lucía me miraba con ternura, y no per– día ocasión de venir á mis habitaciones, ya fuera pretestando traer algún objeto que yo necesitaba, ó bién para anunciarme la llegada de algún amigo que muy ocultamente venía á buscarme. Y cuando yo salía de mis habitaciones, lo cual acontecía raras veces, encontraba al regresar, que ella había co– locado sobre mi escritorio, alguna flor, que de ordi– nario era un clavel blanco ó encarnado. Estas flores, cojidas por su mano de los tiestos que adornaban los corredores, tuvieron para mí un lenguaje que no podía dejar de comprender. Lucía había prin– cipiado á amarme. Si mi aversión al matrimonio no hubiera sido tan grande, tal vez hubiera pensado en él, después de conocer á esta virtuosa y bella jóven; pero yo en- · tónces estaba muy léjos de doblar el cuello á la coyunda matrimonial; siempre he . creído que para

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