El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- ro9 - para lo cual expedí nn decreto, nombrándome, como es de uso, Jet ... upremo de la República; cuando cayó como llovido de las nubes, un bravo coronel en iado por el Gobierno, para batirá los conjurados. La batalla se empefió con entusiasmo y fé, por ambos bandos; pero, lo conEeso con ingenuidad, en ese hecho de arma , faltáronme valor y s renidad su– ficientes para sostenerme hasta el fin. A no ser así, cierto estoy que la victoria hubiera coronado mi expedición! ..... . Pero ¡qué hacer! el valor del guerrero, no es cua– lidad que puede adquirirse, ni ménos fingirse; y generalmente á los conspiradores, nos falta el valor en el momento que más lo habemos menester. ¿Será porqué, perdida una conspiración, nos queda la es– peranza de emprender otra nueva? ... Lo cierto es que, cuando todavía mis soldados y partidarios, defendían sus posiciones, yo me dije: -<< Lo principal aquí, es salvar el cuerpo» que en cuanto á batallas, aquí ó en otro lugar cualquiera, puedo volver á empeñarla con mejores probabili– dades. Aprovechéme de que el puerto estaría desguarne– cido, y me dirigí en fuga hácia allá. En el camino me encontré con un buen sacerdote, que muy cris– tianamente me proporcionó unos hábitos, con' los que me disfracé, embarcándome luego en calidad de padre misionero. Me proponía venir á Lima, donde me sería fácil dar golpe más certero y ménos peli– groso. Muchos amigos y partidarios míos, murieron en
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