El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 102 - Creo que fué patriota, y que sinti6 germinar en su alma el amor al bien para su patria; pero léjos de dar resultados benéficos, su patriotismo fué gérmen de inmensos y trascendentales infortunios para eJ Perú. Pueril y frívolo en los detalles de la vida, no tuvo en situaciones dadas, esos rasgos de grandeza, que son compensación de las pequeñeces -del hombre . Conspirar, ya fuera contra la autoridad, contra las leyes, ó contra los hombres, ha sido la acción capi– talísima de su vida y el empleo casi esclusivo ele su actividad. Cuando llegó al poder, más que un Dicta– dor, parecía un conjurado. Hombre nada práctico, -tomó la vida como una leyenda aventurera, caba– lleresca, en la cual la reflexión y el raciocinio, estu"' vieron supeditados, por lo maravilloso, inesperado y hasta inverosímil. Sus inclinaciones al bién fue– ron de contínuo av~salladas por la ambición de su propio engrandecimiento; y así que los obstáculos se amontonaban, así que los peligros le circuían, así que se encontraba rodeado de dificultades, de abis– mos, de enemigos suyos y de su patria, que debían de aniquilar á ésta y destruirlo á él; entonces esa ambi– ción aflojaba sus resortes; ya no era fuego qu~ pro– duce vapor, sino humo que se escapa y se evapora en los aires . ' Gustaba de la adulación sin medir los puntos que calzaba el adulador, olvidando aquel principio de Tácito que dice: Los aduladores son el peor género de enemigos. Si el Conspirador viviera, yo, con la experiencia
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