El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
IOI - El Coronel por toda contestación, sacó su revól– ver y le voló la tapa de los sesos. Así murió mi amigo el Conspirador. Los asaltantes no encontraron eco en la tropa, y léjos de responder á sus vivas, fueron recibidos á balazos. Los que no murieron allí instantáneamente, murieron luego de resultas de las heridas. Esta relación hecha así, sin pomposas descripcio– nes, ' ni artificiosas reticencias, quizá le den á estos hechos el tinte de una ficción novelesca; no obstante, yo no hago más que relatar lo que entónces llegó á mi noticia. De lo que sí me quedan grandes dudas es, de que verdaderamente murieran los asaltantes víctimas de su denuedo, y nó víctimas de las balas de los soldados que los fusilaron; esta fué al ménos entonces la opinión pública de la gente imparcial. _Ahora que el Conspirador ya no existe, y no me asalta el temor de que se me pueda culpar de riva– lidad, ó pequeñez de miras, quiero decir con la fran– queza é imparcialidad, propias de mi carácter, lo que pienso y creo de él. Fué un hombre de talento; pero sus desmedidas ambiciones lo llevaron á em- presas en las que siempre faltóle valor y entereza, propias de los hombres superiores. _ Su vanidad fué colosal, por eso afrontó las grandes situaciones, contando con cualidades de que carecía.
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