El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

103 - adquirida, y el derecho de antíguo amigo, había de decirle: - E ndcr za<l vu stros pasos por el camino del bién, sois hornore de talento y de corazón; y aún es tiempo <le poner e tas bellas cualidades al servicio de la patria, á la que tan positivos males habeis causado. Refrenad vuestra ambición, y poned coto á la vanidad; ámbas son las únicas enemigas que han de conduciros á la ruina. Desgraciadamente, el Conspirador ha muerto ya, y preciso es confesarlo, su muerte fué motivo de albricias y gran ontentamiento para mí; fué la supresión de un rival; un fausto acontecimiento, que yo íntimamente celebraba. Algunos representantes á Congreso, celosos del cumplimiento de la ley, pretendieron hacer esclare– cimientos, referente á las víctimas del cuartel asal– tado; y yo que entónces ocupaba una curul en la Cámara de Diputados, tomé pié de esta iniciativa, para ennegrecer la conducta de los Ministros y crearle dificultades al Gobierno, y clamé contra la muerte del Conspirador, y pronuncié discursos enalteciendo los méritos de ese grande hombre; y en compañía de mis amigos, armamos grande batahola y alcancé que se diera voto de censura contra los ministros; y estos cayeron, y el Gobierno principió á ver el ho– rizonte político, cubierto de nubes negras, y las cumbres de Estado se bambolearon y ...... yo me de- cía con íntima satisfacción-ya que la vida del Conspirador, fué para mí como la sombra del man– zanillo, preciso es que su muerte me sirva de com– bustible para encender la hoguera de la revolución.

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