El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 96 - dos, aquellos que habían sido trascritos, quizá al aca– so por los críticos de mi obra, encontraba una mes– colanza de todos los autores que consulté, y que me dieron el contingente de sus luces. Producir con una obra pequeña un grande efecto, alcanzar reputación de sabio con una obrilla escrita á la minuta, era lo que yo me proponía; y esto que se diría inverosímil, es sumamente fáci l y hacedero : basta el contar con amigos que sepan; lo que en es– tilo familiar llamamos, saber 111,anejar el bombo; ó lo que también sucede, que el mismo autor escriba para las crónicas de los periódicos, sendos juicios encomiásticos. Y como pocos se toman el trabajo de leer la obra, queda consagrada la reputación del escritor. Así yo, con la publicación de El Ec;tado y 1ts Deberes, crecí cien codos sobre mi anterior grandeza; y recibí feli– citaciones y plácemes de muchos de aquellos de quie– nes yo estaba segurísimo, que no la conocían ni por el forro . íientras ménos lectores tanto más seguro el éxito· lo que yo necesitaba era llamar la atención y que se me desjgnara como al autor de un libro · en cuanto al mérito de él, esto es cosa secundaria, y ele poca monta. 1 o faltaron algunos hombres ilustrados que con sobra de argumentos y conocimi ntos d la materia atacaron mi obra y la dejaron mo r pa nueva· pe– r omo s trataba má que de i ncias ele partidos nadie se uicló el sab r i aquell s ataque ran jus– tos ó inju stos ; ' 1 jos d p rjudi ar al éxito al anza– do, contribuycr n grandement á él. Porsupu sto
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