El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 95 - En todo caso, si la obra era mala, allí estaban mis partidarios, gacetilleros y escribidores, esos que en todo tiempo son los mismos, y que, excepción hecha de unos cuantos, los demás á la noticia de haber apa– recido una obra escrita por un Ministro de Estado, se harían lenguas para ensalzarla. El título de la obra fué para mí materia de largas meditaciones pues que no se me ocultaba, que ello es, en ciertos casos, de alta significaci6n. No sin pocas vacilaciones, me resolví á aceptar el título que sería de gran efecto; El Estado y sus Deberes. Tres meses tardé en concluir mi libro, y un mes crugieron las prensas del Estado, en lanzar pruebas y más pruebas, y luego pliegos que iban á engrosar las páginas ele mi obra. La prensa de Lima, a.got6 el vocabulario de los aplausos y los encomios para anunciar «El Estado y sus Deberes». Yo por mi parte especulé el espíritu bajo y mezquino de algunos escritores, lagoteado– res de ministros; uno de ellos á quién leí un ca– pítulo de mi libro, salió á escribir un juicio sobre toda la obra, colocándola entre las más notables que en su género se habían escrito en América. Y aunque el escritor aquel, era de los de pacotilla, su crítica corrió autorizada, quedando así ejecutoriado el mérito de mi libro. Sin vanidad confesaré que éste me resultó mejor de lo que yo esperé. Verdad que el estilo era tortu– rado y pretencioso, lleno de esa fraseología que reem- plaza á · las ideas, y pretende ocultar la ignorancia del autor. Cuando yo leía los pasajes más aplaudí-

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