El bien para todos

EL PERIÓDICO.. . ' El periódico es el termómt:?tro que gradúa y mide la oohu a y adelanto de un pueblo. Allí donde hay mucho periódicos se comprende que h cha vida intelectual, como 1 cuente testimonio qué dice q e allí· se piens!-1, se medita, que se tiene ideas~ que se ajita el . . a• miento y. en raudales de I z s~ reparte la en,,eñanza, la i~t.rucción, el progreso. Los periódicos pueden ontener buenas ideas y también malas; puedet: propagars·e doct ·inas saludables y también perniciosas; entonres viene la poltmica en que se dís~ute, se comH:lte y se triunfa c,m buena lid ó sa sigue batallando con perseverant porfía, hasta ver el logro de sb empeño. En todos los pueblos del unJ (4 te & i lí1 la ,as~ l> itlcias de nuestras rep.úblicas, hay periódicos, proporcionados á sus elementos y fuerza intelectual, que los sustentan con más ó menos empeño; sus tendencias. no siempre son muy lucidas, y varían según los intereses que se intenta, pero hay periódicos. Lo que es en Europa, pedódicos tienen hasta en las aldeas que no cuentan mas de mil habitantes; porque el periódico representa hoy más que nunca, como el pan nuesh·o de cada dín espir~tual; es el alimento del alma, de la inteligencia del que hay necesidad como el alimento del cuerpo, y aun más si cave. El periódico hoy es la cát.~dra de predicación para todo el mundo que llega más pronto y á cada momento á todos y cada uno; que Ílustra, que mejora y regenera cuando no se pervierte la misión encomendada al escritor, al periodista. Importa por esto mismo acrecentar y dar vida al periódico sano, creyente, moral, católico~ único que predica el bien, la virtud, la verdad, las solas prendats que salvan la sociedad. Siendo una necesidad premiosa el periodismo, hay que alimentar esta necesidad cuanto sea posible; con sus luces y enseñanzas los unos; con sus recursos pecuniarios Jos otros: si falta alguno ó ambos elementos, desaparece la existencia, la vida del periódico, ~ NUM. 11 PUBLIU!OION SE~UNJ\L DEDIOAD J LOS AY 1CUCHANOS. ~ fos auspicios del lltmq,. 0 Obispo d~ la Diócesis. AYACUCHO, OCTUBR~ ti DE 1894. y entonces viene á reemplazar á la vida de la inteligencia, del espíritu, la vida material, la vida del bruto, que no tiene m,,. s ne- ·cesidades que sati facer e estómago; reasumiendo tod u existencia en estas dos co s: comer y dormir .....• Y esto no se concebiría ni aun e'ntre los pueblos ilotas, porque neral de los demás pueblos del mundo; es dejarla caída en me• dio de una senda de zarzales, para que se desgarre en cualquiera dirección que toma, es darla pm· muerta ...••••• a rn estos á su manera tienen su - alimento espiritual. 111 No habla reino:-; rue:-; <le la gr.andes poblacione::. c¡ae como las de Europa y Norte i\1 frica, cuentan por ci.(mtos lo, diario:, iuterdforios, sémanario~ &, &; alli donde todo ser pien a y se com11nica; dornle los pensamientos y deseos reboletean como nubes ó bandadas de arn~ id,mles, que ponen en contacto á todos los 'hombres de la tierra, para entenders~ y de ~llí realizar gra.ndes planes para mejoramiento <le todos. · El periódico es et m,rnsag .ro . <le paz y de glorfa., el .. . e .tra , la bu~ua nueva ú. ,d\ ::s :"i 1 o 1 - • hres, á to<los l•>s pueblos; él tcge los hilos invisibles de los afectos, y simpatías f!Ue aproxima á los seres que no se lrnn conocido ni amado, entablando relaciones co· munes de sentimientos é intereses rncíproco~. Por ~I periódico se entabla ese comercio universal en que los hombres y naciones mas aparta• das, se comunican en el ,fr<len no sólo mercantil, lucrativo y utili• tario de negocios, si también J más que todo, se cambian los productos de la inteligencia, los frutos sazonados del bien y la virtud que es lo que ennoblece, y corrige los malos hábitos, las corru P· toras costumbres, las bajas y mezquinas inclinaciones que hacen degenerar á las sociedades é individuos. Un pueblo que no sustenta un periódico es poco menos que un absurdo: no se p11e<le suponer tal cosa porque sería inferir un agra• vio, el mayor de los agravios .••• Hoy en que todos marchan al loo-ro de sus futuros destinos, ao , d i- ., prendiendo, Ilustran o y Jormandose bajo el influjo .~egenerador de la prensa, del penodico sensa· to, honrnclo, generoso, y bien intencionado, no es posible quitar á una sociedad este alimento de la inteligencia y del corazón, como lo hemos dicho. Suprimid el periódico á 'una so-· ciedad es, matarla moralmente, es segregarla de la comunión ge- (Continuación.) Otr,, de los 1rwles p1·0<lucidos p,. r la, tlesztnión de lo~ cafÓ· li :os, r,s el escándalo contí1, ·'-o que reciben los fieles. ntre estos unos ignoran casi tota 'mente los dógmas de la fé ~ la· máximas de la moral cristiana; otros no cuidan de recor• dar en las: e<lades sucesivas lo que en !--JI infancia se les enseñó sobre e ·to., y nece~itan, para no olvidarlo cnteraríwnte, que haya algo ~en°{hle que se les traiga á la rue 1oria y~los impulse á practicar, >. 1~1 ejemplo ó mo<lu <.!e obi:ar de los que consideran sus guías es en lo que aprenden prácticamente casi todo lo que saben en religión y moral. J tazgan serles lícito y permitido obrar como ellos obran, y couducirse con sus hermanos en la forma y modo que aquellos e conducen. Ahora bien: iqué lecciones de religión y ·moral aprenderán estos ignorantes fiP-les al obserbar diariamente las discordias intestinas, las acerbas y tenaces animosidades, las intemperancias del lenguaje, las calificaciones duras q11e en escritos, impresos y conversaciones se dán unos á otros los que conocen ó deben conocer mejor la Religión, se muestran ó deben mostrarse más celosos en defenderla contra sus irreconciliables enemigos 1 Lo cierto es que unos, más sencillos, toman partido, según las circunstancias en que ~e encuentran, en este ó el otr bando, y entran en las preveociones, rencor.es y pasiones que en él se alimentan contra el opuesto; y otros, vacilan primero sobre el camino que han de seguir, y no pocos se aprovechan de esas discuciones para vivir en la indiferencia, y quizá sin práctica alguna de religión. Pero este escándalo es de temet· no se ciña á las costumbres, sino que ·transcienda á la fé. Estos ignol'antes no estaban bien ins· trnidos, no saben discernir lo que es sustancial en la Religión, en lo que todos convienen ó deben convenir para no dejar de ser católicos, y lo que es verdadera• mente secundario, accidental, y en donde hay lugar ó diversidad de opiniones y pareceres. Pierden con esto á v~ces la fijeza en conocer verdaderamente lo que pertenece á la fé y la decisión en confesarla, por no estar seguros, por dudar tal vez de lo que deben creer. Pero no solo los ignorantes son los escanda fizados, sino también muchos de los mismos fieles instruidos. Lectores son asiduos de revistas y periódicos que les inspiran confianza por el cato:icisrno, celo y sabiduría con que les parece están redactados; pues por uno ú otro motivo esos periódicos que son su lectura favo ... rita se han declarado en favor de alguno de los opuestos bandos, y los siguen también con esa evoJu... ción µersonas cuya autoridad y conducta ellos tienen en mucho. Abundan estos católicos ilustrath.. , q.w JJ<p·l~an penetPaFSe--dola exageración con que se sostienen ciertas opiniones y precaverse cuérda~1ente contra la preci• pitación de los juicios que sobre ellos debieran emitir. Podrían Cácilmente1 repitimos juzgar con ánimo sereno, criterio recto é imparcial sobre ellas, y calificar los hechos justa y equitativa• mente; y sin embargo, les vemos· aveces tornar á pecho con ligereza incomprensible la defensa de dichos inexactos, hechos de dudosa rectitud, y las calificaciones atrevidas con que los de su ban - do ofenden á los del bando opues• to. Es tan grande y frecuente de estos hombres ilustrados, y la ofuscación de su entendimiento en estos asuntos, que exede en mucho á la de los más ignorantes, y en todo casa es mucho más difícel sacarles de su ilusión. La Igicsia po1· más que sea inexpugnable fortaleza y obra inmortal, por más que sea la ciudad santa del Dios vivo, establecida / por El mismo y su reino sobre la tierra, está p~esta, sin embargo, en el mundo, como su divino Fundador, como blanco perenne de contradicción. Sin tregua es y será combatida por la ciudad del mal, por la sinagoga de Sa~ tanás, donde imperan las tre~ concupiscencias de que' habla S. Juan, y esto sucederá hasta que llegue el tiempo señalado en loti decretos eternos, en que salvadas ya todas las a!was <¡ ue se habrán

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