El aprendizaje de la libertad

funciones siguiendo una suerte de mandato sabio y divino. A los cerdos no se les ocurría trepar a los árboles ni a las liebres, zambullirse en las aguas. Cada uno conocía sus límites; sabía sobre quiénes estaba situado y a quiénes debía, a su vez, respetar. Las manadas seguían a los líderes y estos eran conscientes de sus mayores deberes y derechos. Tratar de imponer la democracia y la igualdad de derechos y deberes en medio de una población como la peruana era sacar a las cosas de su quicio y corroer el orden social existente, sin conseguir a cambio ningún orden nuevo viable. Para los conservadores la organización política de una nación no debía adoptarse siguiendo las modas del hemisferio norte o las ideas de los filósofos europeos, sino obedeciendo el dictado de la tradición de cada pueblo. Esta se fundaba, a su turno, en la historia, que era siempre original y peculiar de cada nación. En su homilía por el veinticinco aniversario de la independencia, en 1846, Bartolomé Herrera señaló que si bien era esperable que después de la tremenda conmoción que significó la separación de España surgiese un tiempo de anarquía y desorden, este venía durando demasiado. Se preguntaba por qué no había cesado ya la era de violencia y destrucción; la respuesta era para él que en el curso de la guerra de independencia se había perdido el principio de autoridad y obediencia. Después de oponerse al rey y a los chapetones que habían ejercido el poder en el país durante la era colonial, todos se sentían ahora con derecho a cuestionar a la nueva autoridad, investida por el propio régimen constitucional de menor majestad y poder que los antiguos reyes y virreyes. Otros intelectuales, como el dramaturgo Manuel Ascencio Segura (Lima, 1805-1871) y el escritor y político Juan Bustamante (Puno, 1808-1868) también criticaron los primeros pasos del orden republicano, como el recurrente militarismo y la hipocresía de las leyes frente a los indios, a quienes se llamaba peruanos pero se les trataba como a extranjeros inferiores. Segura fue el principal representante de la corriente del romanticismo llamada costumbrismo, que procuraba retratar los hábitos e ideas propias de un pueblo y generadoras de su carácter o personalidad cultural. Pero Segura y Bustamante, como otros intelectuales liberales a quienes veremos en el capítulo siguiente porque discurrieron su quehacer después de 1850, no criticaban los desperfectos de la organización republicana, ni procuraban retornar al pasado, sino que buscaban empujar hacia un mejoramiento de las nuevas instituciones. 90

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