«La horca», acuarela sobre papel de Pancho Fierro (en Cisneros, 1975), en los inicios de la república. Las ejecuciones eran espectáculos públicos que debían así servir de escarmiento a los enemigos sociales y políticos. Era usual que, para una supuesta mayor ignominia, el verdugo fuese un negro. Al comienzo del periodo independiente hubo solamente ocho departamentos y unas sesenta provincias, pero fueron creciendo hasta llegar al final del siglo XIX a veinte departamentos y poco más de un centenar de provincias. El «ascenso» de un distrito a provincia y de una provincia a departamento se convertía, en el seno de un país centralista, en 61
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