desembocaba en guerra civil. Esta sería, entonces, la que decidiría la continuidad del gobierno o su recambio. Las guerras civiles más encarnizadas del siglo XIX fueron las que protagonizaron Gamarra contra Santa Cruz, en el marco de la Confederación Peruano Boliviana (1835-1839); Castilla contra Echenique en 1854-1855; Cáceres contra Iglesias en 1883-1885; y Piérola contra Cáceres en 1894-1895. En todos estos casos quienes triunfaron fueron los insurrectos, pero hubo otros casos (por ejemplo, los intentos de los hermanos Gutiérrez contra Balta, y de Piérola contra Pardo, en que resultaron victoriosas las fuerzas oficiales). Tras la revolución se trataba de guardar las formas constitucionales, en tanto se procedía a realizar elecciones o asambleas que cubriesen con un manto legal lo que la suerte de las armas había decretado. La necesidad de apoyo militar que tenía esta forma de hacer política dio a los hombres de armas una posición de ventaja para llegar al poder. No debe sorprendernos, por ello, que casi todos los presidentes del siglo XIX hayan sido altos oficiales del ejército. Hasta la guerra con Chile, la única excepción fue la presidencia de Manuel Pardo entre 1872-1876. Pero también eran fundamentales las redes de apoyo local, sin las cuales el pronunciamiento no tendría posibilidades de triunfo. También para ello, sin embargo, los militares tenían la ventaja que les daba su desempeño rotativo como jefes de guarniciones o como autoridades políticas. La forma de organización política centralista que adoptó la república peruana cumplió un papel importante en esto. Ya desde antes de la independencia los Borbones instituyeron la práctica de nombrar a los oficiales de los cuerpos militares como subdelegados, intendentes e inclusive virreyes. Las academias militares incluían, a propósito, cursos de administración y gobierno, que los adiestraban para estas labores. Después de la independencia las intendencias pasaron a ser llamadas departamentos en el Perú, mientras los partidos tomaron el nombre de provincias. Intendentes y subdelegados, a cargo del gobierno de las intendencias y los partidos, respectivamente, tomaron ahora el nombre de origen francés de prefectos y subprefectos. Estas autoridades, a cargo del gobierno político de los departamentos y las provincias, eran nombradas directamente por el gobierno central. Debajo de los subprefectos figuraban los gobernadores, quienes estaban a cargo de los distritos (una subdivisión de las provincias) y debajo de ellos, los tenientes gobernadores (a cargo de las aldeas o anexos de los distritos), pero 59
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