«El periodo revolucionario [entre los sucesos de las Cortes y las guerras de independencia], que había comenzado por una definición igualitaria de los ciudadanos, concluía en una incrementada marginalización del campo. La república se había dado como objetivo establecer una nueva sociedad, suprimir los estamentos, liberar las fuerzas productivas; pero la voluntad de racionalizar la vida política y de ordenar la sociedad, de alcanzar lo más pronto la prosperidad prometida a los regímenes modernos, terminó encasillando en castas a la sociedad indígena. Con esta designación se entendía, en adelante, no la república organizada de los súbditos vencidos por la corona, sino la masa de aquellos que la legislación y las relaciones de fuerzas desfavorables habían fijado a la tierra y obligado a realizar servicios. La civilización y el enriquecimiento pasaban por la ciudad: los indios eran confinados a los campos. Cada provincia se vio dominada por un puñado de hombres, unas veces relacionados entre ellos, otras rivales, los gamonales. Su nombre, de origen incierto, significaría “parásitos”. A la vez propietario de una hacienda cultivada gracias a la mano de obra india, encargado de ejercer una autoridad (en tanto que subprefecto, gobernador, corregidor, juez de paz […]), vinculado por alianzas con otras familias importantes de la provincia, y sostenido en la capital por políticos que tienen necesidad de su clientela para ser elegidos, el gamonal acumulaba poder económico (a menudo era comerciante, o se dedicaba a un tráfico: contrabando, venta de alcohol, […]), poder y complicidades políticas. Ello no significaba necesariamente que vivía en la opulencia, todo dependía de los excedentes que podía extraer de la provincia a la que parasitaba. Una familia de mestizos se instala al borde de una comunidad, se impone como intermediaria entre los indios y la ciudad, comercia, presta pequeñas sumas a tasas usurarias, acrecienta sus propiedades por la violencia o haciendo valer sus acreencias, y pronto comienza a aparecer como una fuerza con la cual hay que contar para dominar la región: miembros de la familia pertenecen a la municipalidad, otros obtienen pronto cargos oficiales […]. Tal es la historia de la familia Matos, un semillero de gamonales sólidamente implantados en la provincia de Huancavelica. Llegados sin recursos a fines del siglo XVIII, sacan partido de las elecciones democráticas de los años 1813-1814 para alcanzar un lugar preponderante en el seno de la municipalidad constitucional; instaurada la república, el desarrollo de los poderes locales refuerza el suyo. Pero, todopoderosos en su provincia, no disponen de ninguna influencia nacional». Marie-Danielle Demélas (2003, pp. 370-371). Estos aliados, idealmente, debían capturar, asimismo, el control de sus ciudades o cuarteles. Según se presentasen las circunstancias, el gobernante de turno podía efectivamente acatar el pedido de dejar el poder, negociando su salida en las mejores condiciones, o resistirse a la demanda, contraatacando a los insurrectos, en cuyo caso el pronunciamiento 58
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