Los indios del Cusco vistos por un general de la independencia Entre los jefes militares que destacaron en el bando que luchó por la independencia estuvo el general inglés William Miller, quien a su entrada al Cusco, tras la victoria de Ayacucho, dejó anotadas sus impresiones sobre los habitantes nativos: «El vestido de una mujer indígena peruana es una especie de vestidura o ropón suelto de una tela tosca de lana de color obscuro, que llega desde el cuello a los tobillos, y la cual sujetan a la cintura con un cinturón de color; y un manto pequeño de tela, doblado y puesto de llano sobre la cabeza de modo que una parte de él caiga por detrás sobre los hombros, algo parecido al que aún usan comúnmente las mujeres del campo de las inmediaciones de Roma. El ropaje que llevan cuando están de luto se reduce al anaco, especie de faja negra estrecha; la cual sujetan en el hombro derecho, y pasando atravesada por delante del pecho, la llevan y aseguran debajo del brazo izquierdo, y cuelga hasta la extremidad del vestido. El vestido de los hombres se reduce a una chaqueta de lana obscura con calzones cortos abiertos por la rodilla, una gorra de lana bordada con algodón de diferentes colores, medias de lana sin pie, y albarcas [sandalias], hechas de piel de cabra. Llevan también un poncho pequeño en la forma usual ya descrita en otro lugar, o liado alrededor de la cintura como faja, o tirado suelto sobre el hombro como llevan los húsares la pelliza. Los indígenas peruanos conservan muchas costumbres de sus mayores. Si tienen que construir una choza ó cualquiera otra cosa de una importancia mayor que las faenas ordinarias, todos los vecinos trabajar para ayudar al que reclama su asistencia; pero estos actos de mutua benevolencia eran últimamente muy raros, porque las leyes españolas sujetaban las acciones y los bienes de los indígenas, a límites que les imposibilitaban de gozar esencialmente más que una subsistencia precaria y miserable. Los indios se han hecho descuidados en sus personas y los de las clases más bajas rara vez se desnudan para dormir. Tienen un dicho común o proverbio que dice: “El agua es indigna, y el jabón es traidor”. La apariencia de gozar comodidades, podría traerles algunas extorsiones o tal vez la extremada sequedad del clima en el interior será una de las causas de esta antipatía a la limpieza. Uno que llega nuevamente de Europa muda inmediatamente el pellejo de la cara, y los labios se le hinchan y cortan de una manera que causa mucho dolor e incomodidad; suponen que lavarse aumenta la enfermedad. Muy pocos oficiales realistas se afeitaban, y muchos de ellos llevaban unas barbas tan largas y espesas como los cruzados de los tiempos antiguos o los turcos de nuestros días». Miller (1975, t. II, pp. 160-161). Perú y Bolivia, que habían vuelto a tener una vida política común entre 1809 y 1824, quedaron divididos como dos países distintos, lo que dejó algunos descontentos en ambos lados de la frontera. LA HERENCIA DE AYACUCHO 42
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