El aprendizaje de la libertad

civilizadamente, a través de los mecanismos legales y no de la violencia, que a todos perjudicaba. Las conversaciones fracasaron porque, a cambio de su retiro del Perú, el ejército de San Martín (al que las autoridades españolas dieron este nombre, en vez del de ejército de Chile, por negarse a reconocer la independencia de este país) exigía el reconocimiento por parte del gobierno español de la independencia de Chile y la entrega al Río de la Plata de los territorios del Alto Perú, que le correspondían en virtud del principio del uti possidetis (según el cual los nuevos países heredaban el territorio de las circunscripciones anteriores; vale decir que Argentina, o las Provincias Unidas del Río de la Plata, como por entonces se llamaba, debía heredar el territorio comprendido dentro del virreinato del Río de la Plata). El fin de las conversaciones de Miraflores debió dar paso a la guerra, pero esta no ocurrió, o se convirtió apenas en una guerra de posiciones, mediante la cual las fuerzas de San Martín se proponían «insurreccionar» al Perú, con la garantía de su apoyo armado a las protestas. Los pronunciamientos por la independencia solo sucedieron en el norte, donde el intendente José de Torre Tagle, un criollo peruano que había sido diputado en Cádiz, promovió una campaña a favor de la independencia en el amplio territorio que comprendía la intendencia de Trujillo (incluía los actuales departamentos o regiones de Piura, Cajamarca y Lambayeque, además de La Libertad). La campaña de San Martín también consiguió que el batallón Numancia, de las fuerzas del virrey, se pasase a las fuerzas separatistas, lo que, además del puro efecto militar, tuvo un impacto psicológico desmoralizante para el gobierno colonial y quienes lo apoyaban. Pero el levantamiento generalizado del pueblo contra el gobierno español, como en cierta medida había sucedido en Chile o Argentina, no ocurrió. 33

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